La jungla del capitalismo
- David Hernandez
- 4 sept 2023
- 3 min de lectura
Ni remotamente Frank Warren imaginó que su orden al reportero Upton Sinclair de investigar una huelga y la preparación de cárnicos en Chicago fuera a convertirse en un verdadero tsunami.
Y no es que el editor del periódico Appeal to Reason (Llamado a la razón) ignorara la capacidad y el olfato de su reportero, por algo le encargó a Sinclair, entonces de 27 años, una indagatoria que se extendería a 36 entregas que al final abarcarían casi la totalidad del año de 1905.
La mirada del reportero fue un auténtico bisturí que develó no sólo las atroces condiciones de semiesclavitud de miles de trabajadores en los mataderos de Chicago, sino las nulas condiciones de higiene de los productos que ahí se elaboraban.
Fueron tan gigantescas las olas de indignación que levantó ese reportaje, que incluso el presidente Theodore Roosevelt recibió a Sinclair en la Casa Blanca, sin ningún entusiasmo –porque su animadversión a las ideas socialistas del autor de la serie eran de suyo conocidas–, para asegurarle que el gobierno tomaría el asunto en sus manos y poco más tarde se promulgó la llamada Pure Food Legislation, para regular la producción de alimentos, y se crearon instancias federales para supervisar las prácticas de los mataderos.
Tiempo después, Upton Sinclair convertiría ese reportaje en una novela que estaba llamada a convertirse en un verdadero fenómeno editorial, además de un hito entre las denuncias de la injusticia social, tanto fue así que en 1906 el gran Jack London escribió que “La Jungla puede ser para los esclavos asalariados de hoy lo que La cabaña del tío Tom hizo por los esclavos negros del siglo pasado”.
El proceso editorial de La jungla es, en sí mismo, otra novela, como bien relata José Ramón Calvo Irurita en el prólogo del volumen que editó recientemente la Brigada para Leer en Libertad (el cual se puede descargar gratuitamente en la página web www.brigadaparaleerenlibertad.com). Se trata de una serie de vicisitudes, cambios, adaptaciones, cortes y procesos de edición que tuvieron tantas versiones que acabaron desalentando la sucesiva publicación de este libro tan injustamente olvidado y que se rescata hoy en un acto de auténtica justicia poética.
Este reportaje, crónica, novela, arenga y llamado a la acción seguirá conmoviendo a los lectores de hoy día, porque describe, de manera nítida, el proceso descarnado de acumulación de capital; la etapa de industrialización a todo tren y sin tapujos de Estados Unidos; el maltrato, la discriminación y la explotación inicua de los migrantes, y la formación de una conciencia proletaria entre las masas campesinas que llegaban por oleadas de Europa en busca del siempre quimérico sueño americano.
Sinclair conduce su relato a partir de la historia de una familia de emigrados de Lituania, cuya cabeza, Jurgis, nos conduce por esta suerte de Divina comedia de la consolidación del capitalismo, porque, en efecto, aquí ciertamente hay un infierno tan minuciosamente descrito que el horror no le es ajeno; un purgatorio de vicios donde sucumbe la mayoría de los trabajadores derrengados por el agotamiento físico y la derrota moral, y un paraíso representado por el advenimiento de una conciencia de clase capaz de transformar la vida misma.
Jurgis no es un héroe sin más, no transita por la épica y su vida no enaltece los valores de un dirigente proletario, Upton Sinclair nos lleva por otro camino, mucho más complejo y por ello más cercano a la vida, no por nada tocó la conciencia de cientos de miles de lectores, el autor nos conduce por los meandros de la condición humana, del vicio, de la corrupción, de la degradación, de la traición y la cuchillada trapera a los suyos, hasta hacer emerger del lodo a un hombre que al haber visto prácticamente completa la cara de la abyección emerge desde el cieno hasta la solidaridad con los suyos.
Había escrito varias cuartillas más para intentar describir la calidad de este escritor de brillantez inaudita, pero me detuve al pensar que en realidad el lector mexicano común de estos días no tiene, desafortunadamente, un referente preciso de la literatura de Sinclair, así que después de pensarlo unos días, tiré lo escrito y decidí que lo mejor para enamorar a los posibles con este libro sería transcribir al propio Upton y dejar que su escritura los sorprenda y encandile.
Y es que hay que añadir que el tamaño de esta denuncia palidecería y se volvería ineficaz si no hubiera sido acompañada de una espléndida pluma.



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